Tras la derrota japonesa, Kaji y los pocos hombres de su unidad que han sobrevivido al enfrentamiento con los rusos se embarcan en una larga marcha, en un intento desesperado de llegar a territorio amigo. Tras sortear no pocas dificultades, Kaji se ve obligado a rendirse y es enviado a un campo de prisioneros en Siberia.